YOHEL ANDRÉS VELA
Mi historia con las camisetas empezó mucho antes de saber que algún día tendría una marca.
De niño dibujaba camisetas y escudos para los equipos que inventaba con mis juguetes. Cada club tenía sus colores, su identidad y hasta sus propios auspiciadores. El fútbol ya estaba ahí; solo que todavía no sabía hasta dónde me iba a acompañar.
A los 17 años llegó mi primera camiseta de verdad. Un equipo de mi barrio, Escorpiones FC, me pidió que diseñara su escudo. Lo hice a mano alzada y terminamos llevándolo a confeccionar a una tienda en San Borja llamada Calvo. Recuerdo que descubrí que una camiseta podía hacerse diferente a través de los detalles: el corte, las aplicaciones, la forma de integrar los números y los acabados.
Ese fue mi primer escudo y mi primera experiencia con la confección.
EL FÚTBOL VOLVIÓ A BUSCARME
En 2016 llegué a Sport Boys de la mano de Johann Vásquez. Venía del mundo de la publicidad y Johann me ofreció trabajar en el club. Acepté, pero propuse algo que entonces no era tan habitual: trabajar creativamente la marca de manera integral. Tuve libertad para intervenir en su identidad, ordenar su escudo, desarrollar conceptos para sus camisetas y trabajar titulares, campañas y cada pequeño detalle alrededor de la marca.
El 2017 fue especial. Diseñamos la camiseta oficial, desarrollé una edición conmemorativa por los 90 años del club y, junto al Flaco Emilio, creamos la primera camiseta inspirada en el Señor del Mar. Ese mismo año, Sport Boys consiguió el ascenso.
Cuando Johan Fano marcó el gol de la final, todos esperaban un titular sobre el regreso a Primera. Nosotros publicamos una sola palabra: «Fanomenal».
Ese titular terminó trascendiendo las redes del club. Algunos medios escritos se pusieron en contacto para saber quién estaba detrás de los titulares y quién había creado «Fanomenal».
Después de aquella etapa, me alejé del club y me dediqué a enseñar marketing deportivo.
En 2020 regresé a Sport Boys, en plena pandemia. Apenas llegué, nació «Honor y nobleza se visten de luto»: una camiseta que originalmente sería blanca, pero que se vistió de negro como homenaje al pueblo chalaco y a quienes habían perdido la vida por la COVID-19.
En 2021, las camisetas comenzaron a tener nombre e identidad propia. Creamos La Misilera y La Porteña. Después llegaría la primera camiseta morada de Sport Boys, inspirada nuevamente en el Señor del Mar.
Morado, dorado y fucsia. En el pecho, los nombres de quienes aportaron al club formaban las líneas de un movimiento telúrico, una manera de representar la historia del Señor del Mar a través del diseño. Aquella camiseta terminó siendo histórica: con ella, Boys volvió a clasificar a un torneo internacional después de más de veinte años.
La docencia en marketing deportivo me permitió conocer otro fútbol: el profesional, sí, pero también el de las academias, los clubes pequeños, quienes forman jugadores, quienes sostienen equipos y quienes juegan simplemente porque aman hacerlo.
ASÍ APARECIÓ CORNER
Mi hijo entrenaba en una academia. Un día vi su uniforme: un diseño que podía pertenecer a cualquier equipo, sin historia y sin identidad.
Mi hijo es arquero, así que aproveché esa diferencia para diseñarle algo propio. Una camiseta hecha con la misma obsesión por los detalles que me había acompañado desde aquellos escudos que dibujaba de niño.
A la academia le gustó. Después vino otra camiseta. Y otra.
Sin saberlo, había vuelto al mismo lugar donde todo había empezado: a dibujar una camiseta para un equipo.
Solo que esta vez quería hacerlo diferente.
Porque cada camiseta representa a alguien. Cada escudo tiene una historia. Y esa historia merece ser contada.
EL NOMBRE SIEMPRE ESTUVO AHÍ
Pero todavía me faltaba algo: el nombre.
Busqué uno que reuniera todo lo que había aprendido y vivido alrededor del fútbol. Y terminé volviendo, casi sin darme cuenta, a una esquina de mi casa.
Ahí, durante mi infancia, un patio y un columpio podían convertirse en un arco. Esa esquina podía ser muchas cosas, pero siempre terminaba convirtiéndose en fútbol.
Lo curioso es que nunca me fui del todo de ahí.
Hoy ya no están el patio, el columpio ni aquella cancha improvisada. En esa misma esquina están mi oficina y el taller donde hacemos nuestras camisetas.
Quizá por eso el nombre siempre estuvo ahí.
Solo faltaba encontrarlo.
No somos la marca más grande.
Pero estamos a la altura.